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¿Qué es el trastorno bipolar?
La enfermedad bipolar también llamada maníaco-depresiva consiste en una alteración de los mecanismos que regulan el estado de ánimo, de tal forma que los cambios de humor que experimenta cualquier persona se acentúan hasta un punto que llegan a requerir incluso de hospitalización. Las personas que sufren este problema presentan durante días, semanas o meses, periodos de pérdida de interés en sus actividades habituales, falta de concentración, alteraciones en el sueño y en el apetito. Existe una intensa apatía y cualquier pequeña tarea o contrariedad se convierte en un escollo insalvable. Aunque estos síntomas son comunes algunas en algunas formas de depresión, estos pacientes sufren episodios inversos, es decir, se sienten capaces de cualquier cosa, se embarcan en numerosos proyectos, hablan en exceso, gastan muchísimo dinero, se molesta fácilmente, entre otras cosas. Esta fase recibe el nombre de manía.

Fase de Manía
Pero ¿qué es en realidad la manía? Aunque su nombre se presta a equívocos, la manía es un cuadro clínico muy característico. Muchas veces, el primer síntoma es una disminución de la necesidad de dormir, el paciente duerme muy pocas horas, se levanta en la madrugada con ganas de hacer muchas cosas, con una energía inusitada y durante el día desarrolla actividades constantes y se embarca en nuevos proyectos incluso en asuntos que hasta ese momento ni siquiera le habían llamado la atención. Algunos gastan dinero en regalos y se muestran extremadamente sociales, alegres, habladores, llegando al punto que pueden resultar indiscretos y avasalladores. Poco a poco estos síntomas, que ni el propio paciente se da cuenta que tiene y que incluso la gente lo toma como un cambio de humor pasajero, comienzan a tornarse de una creciente impaciencia e irritabilidad.

El individuo comienza a mostrarse agresivo sigue contrariado si considera cualquier situación injusta. Incluso en casos graves el paciente sobrevalora situaciones que lo llevan a perder la noción de la realidad creyéndose dotado de poderes sobrenaturales o asediado por múltiples enemigos. Afortunadamente, con un tratamiento adecuado estos síntomas remiten rápidamente y la persona recupera la normalidad. Sin embargo es frecuente que a un episodio maníaco le siga una fase depresiva. La manía conlleva graves consecuencias para el afectado tales como separaciones, pérdida de trabajo, endeudamiento y deterioro social. Para el público general puede resultar difícil imaginar que una persona que ha llegado tener una conducta como la descrita anteriormente, se recupere hasta el punto de no presentar rastros de estos síntomas, pero esto es fruto del prejuicio contra las enfermedades mentales que se piensa son crónicas, irreversibles y peligrosas.

Síntomas de la manía
Debemos dividir los síntomas en dos, aquellos que ocurren en la fase maníaca y aquellos de la fase depresiva. No es necesario que todos los síntomas que enumeramos a continuación tengan que presentarse en el mismo paciente y al mismo tiempo. Los más comunes son:

  • Irritabilida.
  • Poseer impulsos sexuales aumentados.
  • Hiperactividad.
  • Tener el pensamiento acelerado.
  • Disminución de la necesidad de dormir.
  • Gastar excesivamente.
  • Hablar demasiado.
  • Tener una conducta desordenada.
  • Actuar muy sociable.
  • Idear planes irrealizables.
  • Sentirse eufórico.
  • Tener ideas delirantes.
  • Tener ideas de grandeza.
  • Alucinar.

Si la intensidad de los síntomas durante la fase maníaca es importante, los pacientes pueden llegar a hospitalizarse. Afortunadamente, los tratamientos actuales permiten devolver la salud mental del paciente con bastante rapidez y de esta manera la duración de la hospitalización es mucho más corta. En sólo semanas la mayor parte de pacientes pueden regresar a sus hogares a seguir un tratamiento ambulatorio.

Fase de Depresión
Durante ésta fase, la persona depresiva se encuentra cansada, desilusionada, apática y desmotivada. Cualquier acto sencillo, rutinario le cuesta un enorme esfuerzo y la situación parece no tener salida. Se intensifica el sueño, mientras que el apetito y la conducta sexual disminuyen. No parece tener sentido ni siquiera seguir las normas higiénicas más elementales. Algunos pacientes ven todo negativo e incluso sienten deseos de morir. En casos graves al igual que en la manía, aunque con menor frecuencia, pueden darse ideas delirantes. Uno de los principales problemas de la fase depresiva es que el afectado no es consciente de que su estado es transitorio y con un tratamiento apropiado todo aquel mal momento pasará a la historia y retomará su camino. Para la persona deprimida nada puede cambiar su infierno. El suicidio puede ser la única solución posible. Sin embargo, con un tratamiento oportuno puede recuperar la ilusión de vivir en pocas semanas.

Síntomas de la depresión

  • Apatía.
  • Desilusión.
  • Sensación de tristeza.
  • Baja autoestima.
  • Dificultad para realizar tareas habituales.
  • Falta de concentración.
  • Deseos de morir.
  • Ansiedad.
  • Insomnio por exceso de sueño.
  • Hambre o inapetencia.
  • Ideas de culpa.
  • Inhibición social.

La fase mixta
Consiste en una mezcla de síntomas de manía y depresión. Ésta fase es especialmente difícil de diagnosticar y produce un gran sufrimiento tanto en el paciente como en aquellos que le rodean. Puede aparecer hiperactividad junto con ideas negativas y pensamientos depresivos. La irritabilidad es muy común. Si bien pueden presentarse de manera aislada, es común que la fase mixta sea una continuación de la fase maníaca o una transición entre la maníaca y la depresiva.
Los síntomas más comunes de la fase mixta son: mal humor, pensamiento acelerado, inquietud, hostilidad, cambios rápidos de humor, insomnio, ideas delirantes o negativas y alucinaciones.
La fase de remisión

La persona con trastorno bipolar no pasa toda la vida de una fase a otra. Existen periodos en que el estado de ánimo está normal y los síntomas desaparecen prácticamente por completo. Ésta se denomina fase de remisión o de eutimia. Este término significa "estado de ánimo correcto". Durante esta fase es precisamente cuando menos deben confiarse los pacientes, creyendo que todo ha cambiado y que no hay ningún problema. Por el contrario, éste es el momento para estar más atentos y prevenir cualquier síntoma que anuncie una nueva crisis.

Ésta es la razón por la cual es imprescindible seguir las indicaciones del psiquiatra, tomar la medicación preventiva y seguir disfrutando de la vida. Como veremos más adelante la medicación preventiva intenta suavizar la aparición de un nuevo episodio o incluso prevenirlo, pero no debe olvidar que esto no significa que esté curado, pero que es lo más próximo a este concepto que estará.